Su pequeña ha ido a verle al despacho y él se siente un padre dichoso, la sienta en sus rodillas y charlan sobre la vida. Resulta que su hija es un poco traviesa y no es la primera vez que se le insinua, a él le hace gracia pues nunca se lo toma en serio, pero hoy la pequeña va un paso más allá. Papa lleva un día de perros en el despacho y su hija se aprovecha de ello, se arrodilla a sus pies, se la saca del pantalón y acaba mamando la polla de su propio padre, algo que quiere hacer desde que tiene uso de razón, por fin hoy sabrá a que sabe la verga de papaito…

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Padres e Hijas

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